Cómo anticiparse y neutralizar el riesgo de incendios forestales
En un contexto de latigazos climáticos y el rigor del fenómeno de El Niño, expertos internacionales y autoridades energéticas se congregaron en el ciclo técnico de webinars de GASNOVA, durante la conferencia Riesgos de incendios forestales cercanos a instalaciones de GLP”.
La crisis climática contemporánea y la recurrencia de fenómenos extremos como El Niño han transformado sustancialmente los esquemas de prevención y respuesta en el sector energético latinoamericano, donde las estaciones y plantas de almacenamiento de Gas Licuado del Petróleo (GLP) se enfrentan hoy a escenarios donde el fuego forestal desafía la seguridad industrial. Ante esta realidad, la Asociación Colombiana del GLP (GASNOVA), en alianza estratégica con Halligan y con el respaldo institucional de la Comisión de Regulación de Energía y Gas (CREG), la Superintendencia de Servicios Públicos Domiciliarios, ASOGAS Ecuador y la Sociedad Peruana de GLP, realizaron el cuarto webinar del ‘Ciclo Latinoamericano de seguridad y atención de emergencias 2026’, iniciativa que lleva 2 años y que nació de la mano del Comité HSE de GASNOVA.
En la apertura oficial, la comisionada de la CREG, Ángela María Alvarez, fijó el tono de la jornada al advertir con contundencia que la seguridad operativa no se improvisa cuando el siniestro ya está desatado, sino que se construye a diario desde la anticipación, la preparación técnica y las decisiones responsables asumidas en cada eslabón de la cadena para blindar a los trabajadores, a las comunidades y la continuidad de un servicio público esencial.
Al introducir el diagnóstico operativo, Javier Coral, director ejecutivo de Halligan y especialista en resiliencia industrial, desglosó cómo un incendio de vegetación puede transmutar en un incidente de escala mayor si no se comprenden los vectores reales de vulnerabilidad. Frente al temor generalizado y recurrente de una explosión por BLEVE, el experto desmitificó que la mera exposición térmica derive automáticamente en este fenómeno, orientando la atención hacia los verdaderos detonantes críticos: la radiación calórica sobre tuberías, válvulas y tanques en horarios no habituales, el impacto silencioso de pavesas y brasas incandescentes capaces de viajar kilómetros impulsadas por el viento hasta hallar materiales combustibles en puntos ciegos, y las externalidades que colapsan la operación, tales como la densa invasión de humo, la pérdida súbita del suministro eléctrico y el corte de rutas de acceso logístico. La consigna técnica fue clara: la defensa de una planta de GLP comienza necesariamente antes de la ignición, reduciendo al mínimo la dependencia exclusiva del auxilio externo mediante rigurosos criterios de ingeniería preventiva.
Esa mirada preventiva exige desmontar la falsa tranquilidad que genera el cumplimiento meramente documental. Al profundizar en el marco normativo colombiano, particularmente en las exigencias del Decreto 2157 de 2017 y las directrices de la Ley 1523, Coral instó a someter los planes de contingencia a una verdadera ‘prueba ácida’ que contraste el papel con la operatividad real en terreno. No basta con confiar ciegamente en que las brigadas bomberiles locales acudirán de inmediato; en municipios intermedios o rurales, los cuerpos de socorro enfrentan limitaciones presupuestales, de dotación técnica, de personería jurídica actualizada para efectos de cobertura de seguros o incluso demoras sustanciales en sus tiempos de respuesta. Para evitar que la falta de articulación derive en responsabilidades civiles o penales ante un siniestro mayor, se hace indispensable que los operadores de GLP formalicen convenios de ayuda mutua, evalúen exhaustivamente sus reservas de agua bajo estándares internacionales como NFPA 1140 y NFPA 1660, y adopten modelos de integración colaborativa como Firelink, asegurando un canal de comunicación directo con las autoridades de socorro antes de que el pánico se apodere de la operación.
La comprensión profunda de la ciencia del fuego aportó el sustento técnico de la conferencia de la mano del ingeniero forestal y perito del Departamento de Criminalística de Carabineros de Chile (LABOCAR), Francisco Flores Muñoz, quien es considerado el experto número 1 de toda Latinoamérica en esta materia, compartió lecciones aprendidas en un país considerado laboratorio mundial por sus incendios de sexta generación. Flores subrayó que, si bien la topografía de los terrenos y las cambiantes corrientes de viento representan factores condicionantes que el ser humano no puede manipular, el combustible vegetal circundante constituye la única variable del tetraedro del fuego donde la industria tiene plena capacidad de intervención y control. Rompiendo paradigmas arraigados, el especialista alertó que una cobertura vegetal densa y verde no es garantía de humedad intrínseca, pues existen especies que arden con extrema voracidad ante altas temperaturas; de ahí la urgencia de mantener fajas cortafuegos limpias, retirar de inmediato los restos secos de poda en la periferia de los tanques y despejar minuciosamente los corredores situados bajo tendidos eléctricos de mediana y alta tensión.
Para materializar esa vigilancia de manera eficiente y escalable, las herramientas tecnológicas de detección temprana y la teledetección satelital se consolidaron como las grandes protagonistas del encuentro. El experto chileno demostró cómo hoy los líderes de seguridad de procesos pueden acceder a plataformas de observación terrestre de acceso abierto, como Copernicus Sentinel-2 y sus visores multiespectrales, para obtener radiografías periódicas del entorno de sus instalaciones sin incurrir en costos astronómicos. Mediante la aplicación de índices de humedad de diferencia normalizada (NDMI), análisis de clorofila (NDVI) y composiciones en falso color convencional, los operadores están en capacidad de identificar zonas con severo estrés hídrico contiguas a esferas y tanques de almacenamiento mucho antes de que sean visibles a simple vista, superando las limitaciones espaciales de los sensores térmicos globales como NASA FIRMS y permitiendo focalizar los sistemas fijos de enfriamiento o aspersores con quirúrgica precisión predictiva.
No obstante, la tecnología más avanzada resulta insuficiente si se desatiende el factor social y humano que rodea a cada instalación de gas. Flores recordó una cifra elocuente y transversal a toda la región: más del 99% de los incendios forestales en América Latina tienen origen antrópico, producto de quemas agrícolas descontroladas, negligencias, fallas en conductores eléctricos o incluso actos de intencionalidad. En este escenario, aislar la planta tras barreras de concreto y desentenderse del vecindario constituye una vulnerabilidad estratégica; la experiencia demuestra que el camino más efectivo radica en integrar proactivamente a las comunidades colindantes, brindándoles pedagogía sobre el uso responsable del fuego, generando dinámicas de colaboración vecinal y capacitándolas como primeros respondedores. Cuando la comunidad comprende el valor de la infraestructura y percibe a la empresa como un vecino confiable, los habitantes se transforman en los mejores aliados y en el sistema de alerta temprana más vigilante del territorio.
La exitosa convocatoria del evento, que reunió a más de 300 profesionales, líderes de sostenibilidad, brigadistas y delegaciones bomberiles de Colombia, Chile, Ecuador, Perú y México, ratificó el compromiso indiscutible de GASNOVA con la excelencia y la elevación permanente de los estándares de seguridad en la industria del gas licuado. Como concluyeron las líderes gremiales de ASOGAS Ecuador y la Sociedad Peruana de GLP, el desafío que impone la variabilidad climática no admite treguas ni respuestas aisladas, sino una cultura corporativa cimentada en la anticipación y la corresponsabilidad. Al conjugar la rigurosidad normativa con la ingeniería de vanguardia, la inteligencia satelital y el tejido comunitario, el sector del GLP reafirma su solidez institucional y su vocación de servicio, blindando la infraestructura energética que día a día lleva bienestar, calor y desarrollo a millones de familias en los rincones más apartados del continente.
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