GLP como motor de la generación eléctrica en zonas no interconectadas

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GLP como motor de la generación eléctrica en zonas no interconectadas

La generación de energía eléctrica con GLP está creciendo a nivel mundial. Estos son algunos de los beneficios que este energético está ofreciendo como aplicación para la generación de electricidad en zonas no interconectadas.

La industria del Gas Licuado de Petróleo (GLP) ha dejado de ser percibida únicamente como un combustible doméstico para transformarse en una pieza fundamental del engranaje eléctrico y la sostenibilidad global. Este energético se ha consolidado como una de las alternativas más eficientes para superar las brechas de infraestructura en las Zonas No Interconectadas (ZNI) y áreas rurales de difícil acceso en el país.

A diferencia de los combustibles tradicionales como el diésel o el fueloil pesado (HFO), el GLP ofrece una reducción de hasta el 22% en las emisiones de carbono. Estas cifras cobran relevancia bajo la clasificación del IPCC, que otorga al GLP un Potencial de Calentamiento Global (GWP) de cero, posicionándolo como un aliado estratégico para que Colombia cumpla con los objetivos del Acuerdo de París mientras asegura el suministro en regiones montañosas e insulares.

En términos de eficiencia económica, la generación eléctrica con GLP optimiza los costos de ciclo de vida (LCC). Existen casos de éxito en el sector industrial y turístico que evidencian lo anterior, como el Hotel Explora en Chile, donde la sustitución de diésel por microturbinas de GLP generó ahorros del 15% en costos energéticos anuales. Asimismo, el uso de sistemas de cogeneración permite alcanzar una eficiencia térmica del 85% al aprovechar el calor residual, una ventaja competitiva clave para el desarrollo agroindustrial colombiano.

A nivel internacional, el auge de este energético es evidente. En 2024, el suministro global de GLP superó los 370 millones de toneladas, mientras que el consumo mundial alcanzó un récord de 347 millones de toneladas. Proyectos de gran escala, como la planta Bridge Power en Ghana (400 MWe) y la conversión de sistemas de generación en las Islas Vírgenes de EE.UU., demuestran que el GLP es la solución más rápida de implementar frente a crisis energéticas, con tiempos de construcción de apenas uno a dos años.

En el ámbito local, la Ley 1955 de 2019 marca la hoja de ruta para la sustitución de diésel en las ZNI de Colombia. La portabilidad y facilidad de almacenamiento del GLP —frente a las complejidades técnicas y de infraestructura del gas natural por tubería— lo convierten en el socio perfecto para las energías renovables, garantizando la estabilidad de las microrredes cuando fuentes como la solar o la eólica presentan intermitencia.

El GLP es mucho más que un combustible para cocinar, y se consolida en una herramienta estratégica de equidad social y soberanía energética. Al sustituir el diésel por GLP en la generación eléctrica, no solo se ayuda a reducir la huella ambiental, sino que se está llevando energía limpia, confiable y económica a los rincones más alejados del país donde el desarrollo no puede esperar a que lleguen los gasoductos. Por ello, el GLP es gas para el progreso.

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